sábado, 8 de septiembre de 2012


"Camino por un túnel, sus dimensiones son desconocidas.  Esta todo tan oscuro, no logro llegar a ver con claridad por donde camino, no encuentro la salida hacia la luz del sol. Es la imitación de un laberinto y no hay más que mi alma solitaria en esta  ruina. Estoy agotada, voy a descansar, creo llevar caminando ya dos meses con su presencia en mi mente, imaginando su voz, creando conversaciones erróneas entre nuestra relación imaginaria y mi amante. La soledad no me sienta bien, necesito sentir el calor humano una vez más.  Continúo con mi paso de orangután, arrastrando los pies, rozando con la punta de los dedos la aspereza de los muros. Humedad, intensa humedad. ¿De dónde provendrá? Un paso atrás. Me pongo de puntillas y empiezo a tantear, se siente un manantial entre las conexiones murales. No es más que la nube que surge sobre mi cabeza. Un paso adelante, dos y tres. Tengo ya la cabellera mojada, el agua resbala por mi ropa, mi rostro. Mi lastimado rostro. Me estoy quedando sin energía y el peso de mis actos me concierne más que a mi propia vida. Encuentro algo afilado, es extraño. Sigo caminando y no veo luz, no encontrare la salida del túnel. Corro en círculos, tomo impulso y que sea la dirección que tenga que tomar. Mi destino, la nube allí continúa con su trémula tormenta. Es el fin, ya no me encuentro aquí. Mi alma esta en paz, el camino fue el correcto…"

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